Variación sobre José Asunción Silva

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¿Por qué se Suicidó José Asunción Silva?

Una noche como esta noche
De Circe llena, esa sería
La noche de José Asunción
Cuando a acabarse se tendía
(Gabriela Mistral - Nocturno de José Asunción)

Fría noche santafereña aquella noche de José Asunción. Noche del 23 de mayo de 1896.  Fría noche, cortante y hosca, presagio de un día siguiente envuelto en brumas.  “Anoche puso fin a sus días el joven José Asunción Silva. Parece que hacía versos” dijo un diario local.
Tanto se ha escrito, dicho e inventado sobre los motivos del suicidio de Silva, que es necesario ante todo eliminar enfermizas versiones. La enfermedad que mató a Silva, con el diagnóstico definitivo de un balazo, está condensada en esas líneas que dieron a un público indiferente la noticia fría y que pretendió ser intrascendente: "Parece que hacía versos...."

¿Por qué se mató Silva?

Porque estaba solo.  Con la definitiva soledad humana.  Porque ya no creía, porque ya no esperaba. Porque su mundo rodaba sin concierto por frios espacios.  Así lo intuyó Gabriela Mistral:
Gobernado por esa hora
en que al Cristo fuerte se olvida
y en que su mano traicionada
suelta al mundo que sostenía...

Hay dos enfermedades que nunca matan por sí solas: la soledad y la locura. Ambas necesitan la trágica confirmación del suicidio. Tan de la mano caminan que, a veces, la Iglesia perdona al suicida "porque estaba loco".

Pero Silva no estaba loco. Jamás prodigio igual de equilibrio y cordura de premeditación de la belleza, de aquilatamiento de valores, volverá a producirse bajo los grises cielos bogotanos, con peores auspicios ni bajo estrellas tan malignas. ¿Loco Silva? !Qué extraña, fina y bella, qué dramática e ingenua su cordura, reflejada en el viejo libro copiador de pasta negra, donde están minuciosamente organizadas sus cartas de negocios, aquellos negocios frustrados por demasiado rectos y demasiado cuerdos, por demasiado llenos de responsabilidad humana y de limpia honradez sin desvíos ni claudicaciones.

No estaba loco José Asunción. ¡Y qué perdón tiene Dios para el suicida? Es el alma perdida, sin otro epitafio que el verso de Heine.
En cualquier encrucijada
dan sepultura ignorada
al que se quita la vida.
Nace una flor azulada,
la flor del alma perdida.

Alma perdida que por andar errante y desterrada, por no pertenecer a ningún sitio del cielo o de la tierra, está más cerca de nosotros.  Por eso mismo ha sido, indefensa, tierra llana para acusaciones sombrías, interpretaciones malévolas, injusticias en vida y muerte, destierros repetidos.  No contento el destino con herirlo en la vida lo está hiriendo en la muerte. Y lo hiere en lo más sensible, en lo más puro, en lo más tierno.... Folletines soeces les han dicho a las gentes que el poeta estaba enamorado con mal amor; que su infinita adoración por Elvira, la tierna y casta Elvira, era la innombrable pasión del incesto.

Y de esta versión se han hecho eco gentes y voces en América. Era yo muy niña cuando vi llorar a la señorial y orgullosa anciana que fue Georgina Fletcher, amiga íntima de Elvira, al hablarle ella una vez a mi madre, en mi ingenua presencia de ocho años, de su dolor por ver así manchada, trocada en tema pecador,  la memoria de la dulce niña bella que se fue con la estrella de los Magos un dia de enero, entre el dolor de toda una ciudad.  Apenas expresión de aquella amargura inenarrable podría ser el dolor de José Asunción.  Dolor que sólo podía expresarse cubriéndola de flores, perfumando con esencias sus yertas manos, entrelazando lirios en sus finos cabellos, antes de entregarla a la tierra "como se entierra un vaso de alabastro para que no beban en él labios impuros" al decir de Rafael Maya. Así lo expresó José Asunción y así lo expresó también Jorge Isaacs en su canto a Elvira.  Animadversiones acerbas debió añadir José Asunción Silva a las que ya lo acechaban, emboscadas, para herirlo, cuando, cansado, hastiado por la baraúnda de improvisaciones con que muchos, sintiéndose poetas, escribieron elegías a Elvira, dijo "Tan sólo Isaacs es digno de cantarla!".

Tal vez pueda escandalizar a muchos el exceso de corrientes sentimentales que confluye en la carta que escribió Jorge Isaacs a Silva el 21 de enero de 1891.  Pero en ella está condensado justamente lo que, para quienes la rodearon, significó aquella niña bella, sensible, tierna, llena de luz y de bondades.  Dice Isaacs:

Bogotá, 21 de enero de 1891

Señor Don José A. Silva
Presente

Mi bondadoso amigo:

Su carta del 17, que muchas veces he leído, produce en mi ánimo indefinible impresión. Lo que en ella dice del dolor que lo tortura, los recuerdos que evoca y acaricia, su ternura por la muerta adorada y casi divina, me quebrantan el corazón. Lo que me habla usted de ese canto a Elvira -quizás el postrero del poeta que la conmovió en otros días - es superior a cuanto yo pueda ambicionar y merecer.
Quedaré recompensado con su noble y leal afecto de amigo y poseyendo todo lo que de ella me ofrece: su retrato para que sea el ángel guardián de mi hogar y admirada, querida allí como yo la admiro y venero; los pañuelos que usó en horas felices, fragantes aún con el perfume de sus manos.  Los he recibido en este momento.¡ Qué tesoro le cede usted al poeta y amigo! La gloria no es una alucinación, un delirio como lo creen algunos ciegos y ruines.....Aquí los tengo.... Los guardaré como las trenzas y juguetes de mi Clementina; fue la primera de mis hijos, el embeleso y alegría de mi casa, el consuelo mío...Todo para mí y nos dejó cuando apenas contaba once años, el 1° de enero de 1869.

Si el descanso viene -y bien merecido será después de una tan penosa y larga lucha - y mi vida se prolonga así unos años, recompensa única que mi familia ambiciona, ya verá cuanto haremos y Elvira vivirá mientras se oiga de nuestras estrofas un eco. El poeta rey, hijo de Isaí, lloraba en su desesperación lamentándose de que sus muertos amados no volverían a él.  Elvira vendrá a nosotros.  ¿En nosotros no vive?

Ella anhelaba mi reposo y mi alivio, la prosperidad de mis trabajos - que todavía no sabe apreciar este país – y a ella, a su poder de ángel bendito y protector, tengo encomendado el éxito final de mis esfuerzos. Y somos los incrédulos y los ateos...Yo le pagaré, regocijándola en amor y beneficios a los pobres y desamparados.  Lo que usted piensa que se haga en Nueva York con el canto a Elvira es demasiado. Pero a ella le pertenecen esas estrofas y, por lo mismo, a usted. De ella son. ¿Quién se atrevería a afirmar que Elvira no las leyó antes que usted? Si las envía para que se haga esa edición, le ruego que antes me deje revisarlas unos momentos.

Creo que estaré mejor de aquí al sábado; si así sucede iré a abrazarlo en la noche de ese día.

Su leal amigo

JORGE ISAACS

Si de la pluma de Isaacs brotaron aquellas palabras de infinita congoja, si llamó a Elvira "ángel guardián", "muerta adorada y casi divina" en qué se ha basado la malevolencia para encontrar en la poesía de Silva alusiones de amor carnal por Elvira?  Será en aquellas palabras:
Sentí frío, era el frío que tenían en tu alcoba/tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas?  Porque el otro poema conocido como Nocturno, aquel que empieza: Poeta, di paso /los furtivos besos  fue escrito el 24 de diciembre de 1889.  En la edición de los facsímiles de Silva hecha por Santiago Martínez Delgado está el poema, que en su primera versión se llamó "Ronda" escrito de puño y letra de Silva y en papel que lleva entrelazadas sus iniciales.

Hay una segunda versión manuscrita en la cual ya se llama Nocturno.  Este poema no pudo ser escrito para Elvira Silva.  Además, mucho antes de que la edición facsimilar apareciera, ya el testimonio había sido dado por Ismael Enrique Arciniegas, quien da además una versión sobre quién pudo ser la inspiradora del Nocturno" Poeta di paso". La versión es esta:

"Se ha dicho y repetido hasta la saciedad en periódicos extranjeros, que este Nocturno fue inspirado por Elvira.  Es más y eso es lo grave: que entre Silva y su bella hermana hubo amor vitando.  El error ha provenido de la creencia de que los tres Nocturnos de Silva fueron dedicados a la memoria de su hermana. En uno de ellos hay estos versos:

Temblabas y eras mía,
Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso....
........................................................................
En señorial alcoba do la tapicería
Amortiguaba el ruido con sus hilos espesos,
Desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos.
........................................................................
¡Ah de la noche trágica me acuerdo todavía!
El ataúd heráldico en el salón yacía...

A varios en el extranjero les hemos oído tan insinuación para su errónea creencia: Luego los nocturnos  – nos han dicho - no fueron dedicados a su hermana?

La poeta Edna Worthley Underwood, autora de ANTOLOGY OF AMERICAN POETS y quien primero tradujo al inglés el Nocturno hace años, nos escribió en 1933, pidiéndonos datos sobre Silva, pues se proponía escribir una biografía de él y nos preguntaba si todos los Nocturnos fueron inspirados por Elvira. Le contestamos que no y que creíamos que la inspiradora del Nocturno "Poeta di paso" había sido María Bashkirtseff."

Se basa Ismael Enrique Arciniegas para emitir esta opinión, en que Silva en alguna oportunidad le habló con tierna adoración de la maravillosa rusa y de su Diario. "Casi pensé - dice Arciniegas - que Silva estaba profundamente enamorado del recuerdo de María Bashkirtseff muerta en 1884".

Emilio Cuervo Márquez pronunció hace años una conferencia en La Sorbona de París y, al hablar de la novella de Silva "De Sobremesa" dice lo siguiente:

"La novela revela, al par que la rara cultura artística y literaria de Silva, su exaltación ardiente por una mujer joven, hermosa y muerta, calificada por sus admiradores de viviente divinidad y a quien él conoció a través de su Diario: María Bashkirtseff. Si a la fuerza debiéramos poner un nombre de mujer a la inspiradora del Nocturno, pienso que el de la joven rusa no debe ser olvidado. La apasionada admiración del artista por la dulce muerta fluye a través de la novela citada....

La verdad es que, cuánto envidió Silva, solitario sin luz y sin remedio, a Maria Bashkirtseff!  "Feliz tu, muerta ideal que llevaste del universo una visión intelectual y artística y a quien el amor por la belleza y el pudor femenino impidieron que el entusiasmo por la vida y las curiosidades insaciables se complicaran con sensuales fiebres de goce, con la mórbida curiosidad del mal y del pecado.....Feliz tú que encerraste en los límites de un cuadro la obra de arte soñada y diste en un libro la esencia de tu alma, si se te compara con el fanático tuyo que a los veintiseis años , al escribir estas líneas, siente dentro de sí bullir y hervir millares de contradictorios impulsos, encaminados a un solo fin, el mismo tuyo: poseerlo todo!  Felíz tu admirable "Nuestra Señora del Perpetuo Deseo".

Silva enamorado de una pintora rusa a quien no conoció jamás?  Silva enamorado de las páginas del Diario de Maria Bashkirtseff, hasta el punto de querer materializarla en un poema y llegar a escribir su poema "Poeta di paso"?  Por qué no?  En la vida de un poeta el tema es tan importante como, en la vida de un marino, la aguja que señala el norte.  El poeta inventa vidas y fabrica muertes.  No dice Huidobro que "el poeta es un pequeño dios"? Acaso no inventó Rubén Darío la muerte para su Margarita del poema inmortal?  Aquella Margarita vivió muchos años después de que Darío le dijera: "Y en una tarde triste de los más dulces días/la muerte, la celosa, por ver si me querías/como a una margarita de amor te deshojó".

Tal vez cuando Silva escribió su poema  "Poeta di paso" simplemente soñaba con forjar un poema "de arte nervioso y nuevo/obra audaz y suprema".  Y fue "la historia triste, desprestigiada y cierta/de una mujer hermosa, idolatrada y muerta" Puede ser verdad o ficción que Silva tuviera en su mente la frágil figura de la rusa cuando escribió su Nocturno.  Al fin y al cabo a ambas, a Elvira o a MaríaBashkirtseff, pueden aplicarse los calificativos de "Hermosa, idolatrada y muerta" sin que ellos sean, si a Elvira se refieren, más ardorosos que los de Isaacs.  La verdad es que es difícil que el poeta encuentre elementos de realidad que estén a la altura de su ambición estética. Tal vez a los poetas les sucede, a la inversa, la fábula del rey Midas. Todo lo que tocan se convierte en cobre o en arena.

Así cuanto Silva tocaba con finas manos se convertía en polvo.  Cuanta puerta trataba de abrir se cerraba en cobres y plomos amargos. Sobre su vida se iban amontonando soledades. Se debatía, como el prisionero que, poco a poco ve acercarse el péndulo y ahondarse el pozo de la narración terrorífica de Edgar Allan Poe.

No es cierto que Silva permaneciera impasible ante el desastre económico que heredó de su padre y que fue determinante , sin lugar a dudas, de su suicidio. Por el contrario, emprendía negocios, luchaba, iniciaba empresas. Todas sus empresas fracasaron.  Por qué?  Posiblemente la sensibilidad de Silva no era la más apropiada para el árido ganar dinero a cambio de jirones de conciencia, o sencillamente el medio no le fue propicio. Silva no sabía explotar ni engañar a nadie. Abrió un almacén en Bogota al cual llevó las sedas más finas, los mejores perfumes, cristales de Bohemia, alfombras de Oriente, sahumerios y porcelanas, que complacían su espíritu, incapaz de entender nada que no fuera bello. Cuentan que Silva se asombraba ante el vender constant de algún tenducho cercano a su elegante establecimiento, donde sólo podían adquirirse artículos de zafia y burda manufactura, en tanto que el almacén del poeta permanecía desierto. La verdad es que para un poeta es difícil, en grado sumo, hacer negocios. Corre el peligro de emprender negocios románticos o acabar escribiendo versos con debe, haber y saldo.

Además Silva se había impuesto la obligación, no sólo de atender a la subsistencia de su familia, sino de pagar las deudas dejadas por su padre.  Ricardo Silva era más dado a las tareas intelectuales que a la realidad de los áridos negocios. Su narración "Una tarde de domingo". Apareció en París Match, traducida al francés.   Ricardo Silva fue uno de los mejores escritores costumbristas de su época y uno de los peores negociantes.   A su muerte se encontró José Asunción frente a la responsabilidad de dirigir su hogar, atender a su madre y a sus hermanas y, además, afrontar las tremendas deudas que, a lo largo de su vida, con mucha generosidad y poco tino, había dejado Ricardo Silva.

Muy breve resultó el paréntesis diplomático de la vida de José Asunción Silva. La diplomacia parecería la carrera más indicada para él, si no fuera porque no era hombre capaz de antesalas ni ruego s y menos de intrigas.  Sin embargo y justamente para aliviar un poco la mala situación económica del poeta, el Presidente Rafael Núñez le concedió el cargo de Secretario de la Embajada de Colombia en Caracas. Pero en una malhadada hora y al morir Núñez, las intrigas y las envidias que suscitaba Silva tuvieron como resultado hacer que se le retirara de su posición diplomática, que había sido por una parte un respiro para el fiasco económico que sufría y, por otra, una consoladora etapa de bienestar espiritual, quizá la única después de la muerte de Elvira.  Pero, como cuenta Alberto Miramón, biógrafo cuidadoso y acertado del poeta, Silva tuvo un jefe inmediato que se sentía enfadado ante la superioridad intelectual de su inferior jerárquico.  Dice así Miramón:

“Desde el primer momento la presencia de Silva no fue grata a su superior jerárquico, el general Villa, hombre de tan escasas letras como de pocas luces. Silva, esta vez como siempre, no sólo no se cuidó de desvanecer esa impresión sino que, seguro del apoyo del presidente titular y confiado en sus amigos de Bogotá, hizo bastante por irritarlo. Por su parte el Embajador influía e intrigaba para que le quitaran de  en medio a ese subalterno que lo ensombrecía. Como todo mediocre, el general diplomático temía el brillo del verdadero talento y se sentía humillado, viéndose relegado a segundo plano, al paso que el secretario - su secretario - era agasajado y recibido con simpatía en todas partes".

Si los días de Silva en Caracas se hubieran prolonga do, si esa etapa verdaderamente salvadora, no fuera tan breve, habría sido definitiva para el destino del poeta bogotano.  En Caracas hizo Silva amistad con Pedro Emilio Coll, quien dejó una bella página en la que cuenta la primera entrevista que tuvieron los dos. Luego fueron cordiales amigos.  En las noches de aquel tiempo, cuando Caracas era todavía "la ciudad de los techos rojos" dialogaban largamente en la Plaza de Bolívar o en los alrededores de la Universidad Central.  La tibia atmósfera de Caracas, la brisa del cercano mar, el eterno sueño multicolor del Ávila, tuvieron indudablemente sobre el poeta y su atormentada mentalidad en perpetua tensión, un efecto pacificador y sedante. En Caracas hacía planes Silva, planes llenos de optimismo sobre su futuro, tanto intelectual como económico. Con su fino y tremendo sentido de la crítica, escribía a Baldomero Sanín Cano cartas que aún hoy, se consideran como uno de los mejores capítulos de la historia de la literatura venezolana de aquel tiempo.  

Es posible que, si José Asunción Silva no se marcha de Caracas tan pronto, distinto fuera su destino. Porque al abandonar Caracas lo persiguió, más implacable que nunca, la fatalidad.   En los primeros días de enero de 1895 el barco "Amerique" salió de La Guaira.  A poco de partir chocó contra un escollo y, solo después de tres días de mortales angustias, macilentos y aterrorizados, los náufragos lograron llegar hasta la playa.  

En el fondo del mar quedaba una gran parte de la obra de Silva "la mejor parte" según él. Era lo reunido y seleccionado durante los meses que vivió el poeta en Caracas, rodeado de amigos afectuosos, sus amigos venezolanos, al lado del Ávila clarísimo, lejos de brumas, preocupaciones y lloviznas. Su posición diplomática le abría todas la s puertas y le permitía vivir, a sus anchas, en el mundo de perfumes, luces, alfombras y candelabros que él tánto amaba .Al mismo tiempo,le proporcionaba medios económicos para apartar de su mente la diaria preocupación de lo que el mismo Silva llamaba gráficamente "la caza del real".  Hay motivos para creer que los manuscritos de Silva, desaparecidos en el mar, constituían su aporte más importante a las letras de América.

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