Luz y Memoria de Alfonsina Storni

firma alfonsina sAlfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1992 en Sala Capriasca, “un pueblecito/que está durmiendo al sol de la montaña”, en el Cantón Ticino de la Suiza italiana. Fue hija de Alfonso Storni y Paulina Martignoni, quienes en 1896, la llevaron a la Argentina, donde vivió hasta la madrugada del 25 de octubre de 1938, cuando buscó la muerte en la playa La Perla de Mar del Plata.

En 46 años de vida publicó siete tomos de versos, dos de prosa y dos obras de teatro.

Una señal de astros suscitó la presencia simultánea, en el sur de América, de Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni. Mayor sería el prodigio si el 6 de julio de 1914, el amor enloquecido de Enrique Job Reyes no hubiese truncado, a los 28 años de su edad, la vida fulgurante de Delmira Agustini.

Alfonsina Storni publicó su primer libro "La Inquietud del Rosal" en 1916. Ese mismo año moría en León de Nicaragua, Rubén Darío, el máximo poeta de la escuela modernista. Europa se convulsionaba en la tragedia de la primera guerra mundial, pero en América del Sur, la literatura y el arte tenían sitio todavía en la vida del hombre y la mujer. ¿De la mujer? Francisco Luis Bernárdez opinaba que decir "mujer" hace medio siglo en Buenos Aires, era como decir "cosa más o menos ornamental, linda estatua de carne, mueble de fina caoba, exquisitez suplementaria, bella e inútil cornisa del edificio social".

Alfonsina Storni era todo lo contrario. Pobre, trabajadora, fea y madre soltera.  Su hijo,  Alejandro Alfonso Storni había nacido en 1912.  De padre desconocido, sólo se sabe de él lo que cuenta Conrado Nalé Roxlo en "Genio y Figura de Alfonsina Storni", que es bien poco.  Solitaria y valerosa, la poeta argentina se enfrentó con la vida y habló, con acento que todavía resuena y seguirá resonando en la memoria de las mujeres de hoy y de mañana.

"Las mujeres mentales
perdedoras salimos
en negocios de amores"

Es el mismo acento con que Juana de Asbaje y Ramírez de Cantillana, Sor Juana Inés de la Cruz, habló en el siglo XVII desde México:

"Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón."

y que resuena entre nosotros en los versos decididos y valerosos de Guiomar Cuesta:

“Soy una guerrera
de la palabra”.

¿Líder feminista Alfonsina Storni?En la acepción etimológica de la palabra, seguramente sí. Feminismo significa la búsqueda de los derechos sociales y políticos de la mujer. Pero no se encuentra en ella ninguna tendencia a aislarse de los hombres de su tiempo, error en el cual suelen incurrir las mujeres que son feministas a ultranza.  Por el contrario, los mejores amigos de Alfosina Storni fueron los escritores del grupo "Anaconda" y los poetas, ensayistas y narradores vinculados al poderoso P.E.N. Club Argentino. Fotografías de 1930 y 1931 la muestran en un homenaje a la memoria de Federico Mistral y en el encuentro que el mismo P.E.N. Club, al cual ella perteneció activamente, suscitó en 1934 para expresar la admiración de los intelectuales argentinos a Federico García Lorca y Pablo Neruda. En 1936, dos años antes de su muerte y a raíz del Congreso Mundial del P.E.N. en Buenos Aires, estableció profunda Amistad con el Maestro Baldomero Sanín Cano, fundador del P.E.N. Club de Colombia.

Fue el Maestro Sanín gran admirador de la obra de Storni, especialmente la contenida en el volumen que ella tituló "Ocre", que fue el quinto de sus libros de poesía.  Apareció en 1925, después de "El dulce daño" (1916), "Irremediablemente" (1919) y "Languidez" (1920).  Más tarde vendrían "Mundo de siete pozos" (1932) y "Mascarilla y trébol" (1938).  En estos libros, especialmente en el último, dio un vuelco a su estilo poético.  Su escritura fue romántica al principio, modernista después y finalmente se integró con los movimientos vanguardistas, que revolucionaron la estética de la palabra en la década de los años 30.
No obstante el críptico lenguaje de "Mascarilla y Trébol", también sabía regresar a la palabra pura, directa y musical, la de "Ocre", como lo comprueba el poema escrito a la muerte de Horacio Quiroga:

“Morir como tú, Horacio, en tus cabales
y así como en tus cuentos, no está mal.
Un rayo a tiempo y se acabó la feria.
Allá dirán..."

"Un rayo a tiempo y se acabó la feria..." Es indudable que los suicidios de Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones la impresionaron vivamente. Por la misma época puso fin a su vida su amiga Eglé Quiroga, hija del autor de "Cuentos de la Selva". Pero la realidad es otra.

La realidad es que, desde 1935, Alfonsina Storni sabía que estaba condenada a una dolorosa muerte. La humanidad, que años más tarde supo llegar a las estrellas, no había descubierto y todavía no descubre, remedio para el cáncer.
Además, ella sabía, desde siempre, que dormiría su último sueño en el fondo del mar:

En el fondo del mar
hay una casa de cristal.
A una avenida de madréporas da.

Un gran pez de oro
a las cinco
me viene a saludar.
Me trae un rojo ramo de flores de coral

un poco más azul que el mar.
Duermo en una cama.

Dormir en el fondo del mar... lo dice en muchos de sus poemas, especialmente en que se acaba de mencionar y que se titula "Yo en el Fondo de Mar".  Está en "Mundo de Siete Pozos", el libro de 1934, cuando nada hacía sospechar su terrible mal.

Finalmente, vale la pena recordar que en Alfonsina Storni, hija de inmigrantes italianos, se conjugan: Europa que la vio nacer en el Cantón Ticino de la Suiza italiana y América del Sur, donde escribió, vivió y quiso morir para huir del dolor, en la playa "La Perla" de Mar de Plata, en una madrugada de octubre de 1938.  Su vida se prolonga en el tiempo, con la validez irrevocable de una obra poética que se opone al olvido, única muerte verdadera.

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