Poesía

Herencia

El mundo que te dejo por herencia,
hija mía,
no es material,
trasciende forma, tiempo, espacio.
Es el castillo del Fantasma de Canterville,
el muro del Gigante Egoísta,
el salón de los espejos de la Infanta.
(En ellos nunca te verás fea
como el enanito del bosque)
 
El monasterio de Mallorca,
donde Chopin encontrò la música
del Nocturno de la Gota de Agua.
 
El barranco entre olivares de Granada
donde sueña con la muerte García Lorca.
 
La tumba humilde de Antonio Machado,
en Colliure, junto al mar, el exilio y el llanto.
 
El bosque francés donde Juana de Arco
oyó voces que le ordenaban
cortarse los cabellos, vestir armadura
y salir al combate.
 
Una mesa del Moulin Rouge en Montmartre,
la escalera del castillo de Albi
en Languedoc.
 
Más tarde sabrás de él.
Era como el enano
del cumpleaños de la Infanta,
pero mucho màs triste.
Se llamaba Henri de Toulouse-Lautrec.
 
La hiedra de la casa de Axel Munthe
en San Michele.
 
El vuelo de las golondrinas de Capri,
cuando el invierno esparce
misteriosos encajes
sobre el espejo azul del Mediterràneo.
 
El anexo de Ámsterdam,
donde Ana Frank esperaba el amor
y fue la muerte
la que tocò a la puerta.
 
La cabeza blanca de Selma Lagerlof
en su biblioteca de Suecia,
la estatua de la Sirenita
de Hans Christian Andersen
en el puerto de Copenhague
en Dinamarca.
 
Y esta noche
la corona de llamas de Santa Lucìa
en la temprana oscuridad escandinava.
 
13 de diciembre de 1964

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