Una Visita al Campo de Carabobo

Carabobo...  Redoble de tambores... Golpe de cascos impetuosos que levantan el caliente polvo de la llanura... Ruido de disparos que se entrecruzan y tejen en el aire, amarillo de sol, el rojo calendario de la sangre bajo el cielo azul de Venezuela.

El Negro Primero llega, al cansado andar de su cabalgadura fantasmagórica... "Vengo a decirle adiós, mi general, porque estoy muerto". El General José Antonio Páez ordena la carga de sus lanceros. El inglés Farriar, en el suelo, de cara a la batalla, con la espada en alto, da la voz de FIRMES!...

Cierra sus ojos de héroe Ambrosio Plaza. Cae muerto Manuel Cedeño, “el bravo de los bravos de Colombia”...  Lluvia torrencial envuelve la trágica retirada del Valencey. Luchan cuerpo a cuerpo soldados de Apure, leones lanceros, con los últimos soldados de España. Y el Libertador Simón Bolívar, soñando despierto su infinito sueño de libertad, ve alzarse el triunfo, como un Nuevo soldado hecho del barro glorioso de Venezuela.

Ahora Carabobo nos abre sus puertas de historia. Hemos pasado por San Mateo y Bárbula, donde sentimos a nuestro lado las gloriosas sombras de Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte.  A la entrada de Carabobo, están Páez, Cedeño, Plaza, Urdaneta, Bermúdez, Salom, Briceño Méndez, Mariño, Farriar, Rangel, Muñoz, Vásquez, Ibarra, Manrique, Pedro Camejo.

Y Rondón. "Se llamaba Juan José Rondón y mandaba una columna de caballería... El cielo de Colombia no olvida la bravura de sus embestidas... En Boyacá y Pantano de Vargas fueron suyas las cargas decisivas..." Miguel Otero Silva nos enseñó, hace años, cómo es de honda la magia indelible de un nombre que inmortaliza la historia y escribe luego la poesía en su piedra blanca.

Vamos caminando por la historia y el tiempo. Aquí está Simón Bolívar sobre su caballo piafante. Los cascos del caballo pisan piedras traídas de La Puerta, el aciago lugar, donde tantas veces fueron derrotados los ejércitos libertadores. A Bolívar lo conducen el Genio y la Gloria.  La estatua ecuestre se apoya sobre el grupo de los vencidos en la batalla.

Páez, Mariño, Cedeño, Ambrosio Plaza... y el altar de la patria con siete escalones y siete estrellas simboliza las siete provincias de la Capitanía General de Venezuela.

Sobre una lápida de piedra, una alegoría representa el nacimiento de la raza iberoamericana, surgida de la raza española y la raza aborigen. Más allá el heraldo de la fama levanta el clarín anunciador del triunfo y el heraldo de la gloria alza una corona de laureles hacia el cielo profundamente azul.

El mediodía de la llanura nos deslumbra. Dos relojes, el uno con espadas, el otro con laureles, marcan el principio y el fin de la batalla. Doscientos muertos y heridos sufrió el ejército patriota, entre ellos Manuel Cedeño, el bravo de los bravos de Colombia.

Y Pedro Camejo... La leyenda del adiós del Negro Primero nos estremece con un ligero escalofrío en medio del aire quemante de Carabobo...

Los guardianes del campo nos enseñan su casa y sus flores.  Ella nos cuenta su emoción de vivir rodeada por las sombras augustas de la patria. Y nosotros, cumpliendo el mandato silencioso de nuestro viaje, dejamos escrito en el álbum de Carabobo un soneto, con el cual Roberto Liévano, nuestro fino y claro poeta de Colombia quiso acompañarnos desde la distancia en esta peregrinación al campo heroico.  Un 24 de Junio, apareció en Colombia una página de Laureano Vallenilla Lanz sobre la entrevista de Páez y Falcón. Y así la interpreta en poesía el autor de "El Mensaje Inconcluso":


PAEZ Y FALCON

En un breve paréntesis de la ruda contienda
los bravos contendores se han tendido la mano
y joven uno, el otro vestigio sobrehumano,
dialogan fraternales bajo la misma tienda…

Cuarenta años pasaron de la fecha tremenda
de Carabobo... El campo feral está cercano
y Páez, en su gloriosa vejez de león anciano
va mostrando los sitios de su propia leyenda.

“Por aquí yo bajaba de la cercana altura...
Rifles... Cedeño... Plaza... y al fondo, en la llanura,
el Libertador”
Algo doblegó las cabezas

y Falcón, en un grito de exaltación hidalga
se dirige al mancebo que a su lado cabalga.
“Escucha, al propio Aquiles contando sus proezas”...

Así Roberto Liévano con su poesía estuvo en este campo de Carabobo, ardiente bajo el sol. Muere el redoble de los tambores. Se apaga el ruido de los cascos de los caballos de los soldados patriotas. Regresamos recordando... Ya dejamos atrás por el camino de la llanura el sitio de la gran batalla... Pensamos en el Libertador planeando la acción desde el cerro de Buenavista. A su lado Salom y Briceño Méndez. El "Bravos de Apure" lucha cuerpo a cuerpo con el "Burgos" y la Legión Británica ataca al Hostalrich.

Valencia, Maracay, San Mateo, La Victoria... Silenciosos, pensamos en lo que hemos visto. La raza, fusión de la sangre del viejo mundo con la sangre joven de América... El heraldo de la fama, el heraldo de la gloria, los relojes de espadas y laureles, los sesenta minutos decisivos... La Independencia, la República. Cierra la noche sobre los valles de Aragua.

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