Poesía de José María Vivas Balcázar

  • Yo Nací en una Aldea

    Yo nací en una aldea de menudos senderos,
    de pulidos collados y de claros riachuelos.
    Tan grácil y tan tímida se ocultaba en la noche…
    Doncella…Iba descalza por un césped de flores.
    La luna tras la torre y murmurantes árboles
    se asomaba al poblado. Y era un frío diamante
    la noche apaciguada…..¿y después? en el sueño,
    entre las hojas negras nos murmuraba el viento
    no sé qué vagas músicas y amorosos acentos.

    Cuando aullaban los perros, los niños asustados
    en la sombra profunda el por qué preguntábamos.
    El aire tiritaba en estrellas y frondas
    y dejaba sus lágrimas en las últimas rosas.

    El Puracé teñía toda el alba de humo?.
    Sus cenizas bajaban desde el cielo profundo
    a bautizar la frente de los lirios morados.

    Yo nací en una aldea, tan pequeña y tan blanca,
    que cabe en la dulzura salina de una lágrima.
    Yo nací en una aldea donde el tiempo era quieto
    y doraba naranjos como si fuese un sueño.

    Y vi llegar la muerte tan pacíficamente
    que la muerte en mi aldea nunca fuera la muerte.
    Yo nací en una aldea donde nació mi madre
    y por primera vez se recogió la tarde
    en la dorada brasa de un celaje remoto
    al volver con mis libros de niño silencioso.

    Y allí por vez primera en la noche estrellada
    pensé que tú existías sobre la tierra, amada.

  • Alabanza del Pan

    Este es el pan que con mi mano
    puse en la mesa de mi casa,
    blanco por dentro como nieve
    y la corteza bien dorada.

    Este es el pan que fue amasado
    en el naciente horno del alba,
    cuando la luz en el rocío
    cobró la forma de una lágrima
    y un ruiseñor se despedía
    de las estrellas, en la rama
    de la encina. Cuando la lluvia
    por los collados caminaba.

    Este es el pan que me alimenta
    y por mis venas desbordadas
    al corazón me lleva el ritmo
    de las praderas y del agua.

    Este es el trigo cuyos granos
    tienen la sombra de mis ramas,
    tienen la cal, tienen el sueño
    de aquellas manos adoradas
    (manos tejidas para siempre
    con delgadas raíces, ávidas
    de ver la luz y un libro abierto,
    abierto al claro de mi lámpara).

    Este el trigo de los muertos
    y este es el trigo de mi alma;
    este es el tiempo, que camina
    por mis venas apresuradas
    hacia las venas de mi hija,
    hacia sus risas y sus lágrimas,
    hacia sus manos y cuadernos
    y hacia la rosa soterrada
    de su pequeño corazón
    en donde brilla el gran misterio
    de mi ceniza iluminada.

    Este es el trigo de mi muerte
    y de mis últimas palabras.
    Este es el trigo de mis pies
    y el alimento de mi nada.
    Cuando la noche me derrumbe
    -puerta serena y estrellada-
    este mi trigo será un leve
    estremecimiento de alas.

  • La Mañana del Héroe

    Inclinado hacia el rostro
    magro del soñador,
    habló el maestro.
    Y cuando la palabra
    -punta de estrella-
    perforó la orilla
    del bosque azul,
    incorporóse el héroe
    La mañana era sobre París
    polvo de oro, ala y cristal
    entre las hojas nuevas.
    De repente Simón Bolívar
    regresó a la vida
    y se nos fue cantando
    por el mundo,
    con su capa, sus botas
    y su estrella
    tras Don Simón Rodríguez.
  • El Poeta Habla de las Cosas Sencillas

    He amado las cosas sencillas:
    el pan y la hormiga, el insecto
    en la brizna de hierba dorada,
    la luz en la calle del pueblo,
    la cabra que muerde a la orilla
    del arroyo y los sauces, el cielo.
    El labriego que ha visto en mis ojos
    levantarse la sombra del tiempo
    y que intuye tal vez que la muerte
    es la luz que prepara otro vuelo.

    He amado la casa olvidada
    donde nace de noche un lucero,
    en el hilo de tejas oscuras
    (hoy ya grises de muerte y silencio)
    donde anduvo la voz de mi madre
    entre azules violetas y fuego
    y su mano se abrió sobre el lino
    o subió como el ala de un ruego.

    He amado las cosas sencillas:
    Esta calle, esta piedra, este pueblo.
    este pozo con nubes lejanas,
    este sauce que brilla en el viento;
    este pez (que cogimos un dia
    con mi padre) que saltó del cielo
    a morir sobre arenas doradas,
    enredado en la cuerda de un sueño.

    Esta tarde me voy por el monte
    a buscar los caminos pequeños.
    Tal vez venga la noche bajando
    -pie descalzo por este sendero-
    a traerle –jazmín que se escapa-
    de regalo un conejo a mi perro.

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