Variación sobre José Asunción Silva

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Verdad y Leyenda de José Asunción Silva

Sobre los tejados grises del barrio de La Candelaria en Bogotá amanece el domingo 24 de mayo de 1896. Mercedes, la fiel servidora de la familia Silva Gómez, inicia el ajetreo mañanero. "La luz vaga| opaco el dia| la llovizna cae y moja| con sus hilos penetrantes| la ciudad desierta y fria". Un poco más tarde llama a la puerta de José Asunción pero nadie responde. Insiste de nuevo y, ante el obstinado silencio, entra.  José Asunción Silva, con los ojos ligeramente abiertos, la bella cabeza doblada hacia el lado izquierdo, parece dormir tranquilamente, semi-incorporado sobre las almohadas blancas. Pero el poeta está muerto.

En su expresión no hay dolor ni angustia. Una paz infinita baña el rostro, que tiene ya la palidez del mármol. "Del corazón herido -dice Rufino Blanco Fombona- manaba un arroyo de púrpura, un tenue hilo de sangre que como una culebrita roja serpenteaba delatando el fin de una juventud y la abolición de un linaje glorioso en los anales del dolor, del placer, del amor y la belleza".   Al lado, un viejo y oxidado revólver , que había pertenecido a su padre Don Ricardo Silva y que en esos días le ha pedido a su madre, Doña Vicenta Gómez, con un pretexto baladí.

También con un pretexto baladí ha ido la tarde anterior al consultorio de su amigo Juan Evangelista Manrique.  "Fue entonces cuando me preguntó - dirá este más tarde - si era cierto que la percusión permitía establecer, con cierta exactitud, la forma y las dimensiones del corazón.  Me presté gustoso a satisfacerlo y con un lápiz demográfico tracé sobre el pecho del poeta toda la zona mate de la región precordial. Le aseguré que estaba normal ese órgano y para dar más seguridad a mi afirmación, le dije que la punta del corazón no estaba desviada.  Abrió fuertemente los ojos y me preguntó dónde estaba la punta del corazón.  Aquí - le dije - trazándole  en el sitio una cruz con el lápiz que tenía en la mano.  Muy bien -dijo tranquilamente el poeta - acabas de hacerme un inmenso favor".

¿Cuándo Nació Silva?

En los libros parroquiales de la iglesia de Las Nieves está su partida de bautismo.  En ella consta que el 6 de enero de 1866 el Presbítero Trino Martínez bautizó a un niño de cuarenta y un días de nacido, nieto de Asunción Silva Fortoul, en cuyo honor se le dio el segundo de sus nombres. Por consiguiente, José Asunción Silva nació el 27 de noviembre de 1865.  Durante mucho tiempo se dieron fechas distintas: 27 de octubre de 1865 (Sanín Cano),  noviembre de 1861 (Unamuno).  Para los creyentes en la astrología, presidió su destino Sagitario, el Arquero, y, como dice Guillermo Valencia en "Leyendo a Silva": Tuvo la frente en llamas y los pies en el lodo| quiso sentirlo, verlo y adivinarlo todo.

Don Ricardo Silva, su padre, era un hombre de hermosa apostura, ojos azules, facciones clásicas, porte aristocrático y distinguido. Seis años antes había publicado una narración costumbrista titulada  "Un domingo en casa", que había sido muy elogiada por su originalidad y fino humor.   El día del bautismo de su primogénito José Asunción, cumplía exactamente un año de casado con la bella Vicenta Gómez Diago, "hermosa entre las hermosas" según Luciano Rivera y Garrido. Era dueña, además, de una recia y combativa energía y de un claro sentido de la realidad, que le permitió salir avante después del suicidio de su hijo.  Porque el 24 de mayo de 1896, José Asunción Silva había girado el dia anterior un cheque por cuatro pesos, valor de un ramo de rosas y su chequera estaba en ceros.  En su billetera se encontró un billete de diez pesos y en poder de Don Guillermo Uribe las letras que avalaban la ruina total de la familia y constituyen la trágica verdad: al verse derrotado por la vida, Silva optó por el triunfo de la muerte.

Elvira y su leyenda

El 2 de abril de 1870 nace Elvira Silva. Estaba destinada a morir a los 22 años, el 6 de enero de 1891.  Más de cinco años mediaron entre la muerte de Elvira y el suicidio de José Asunción, lo que no impidió que la morbosidad vinculara a los dos hermanos con el "amor vitando", como lo llamó Ismael Enrique Arciniegas cuando escribió sobre el tema (refutando de una vez por todas la absurda especie).  La publicación del poema "Ronda" escrito el 22 de diciembre de 1889, dos años antes de la muerte de Elvira, con el impropio título de "Nocturno II" causó la confusión, al relacionárselo con el verdadero "Nocturno", el de las sombras, que apareció por primera vez en "La Lectura" de Cartagena en 1894 y que sí es para Elvira.

La relación entre Silva y su hermana fue el resultado de una gran comprensión espiritual.  Elvira Silva amaba la poesía y la música, era romántica y sensible. Cuando murió Elvira, ante la oleada de versificadores que le rendían homenaje a la muerta, considerada como la mujer más linda de Bogotá en aquel tiempo, Silva dijo :  ”¡Sólo Isaacs es digno de cantarla!” un poco displicentemente. Pero tenía razón Un soneto de Isaacs retrata loque en ese momento debía estar sintiendo José Asunción. Es el famoso “Ten piedad de mi”. 

¡Señor¡ Si en sus miradas encendiste este fuego inmortal que me devora,/y en su boca fragante y seductora/sonrisas de tus ángeles pusiste;//Si de tez de azucena la vestiste/y negros bucles, si su voz canora,/de los sueños de mi alma, arrulladora/ ni a las palomas de tus selvas diste// perdona el gran dolor de mi agonía/y déjame buscar también olvido/en las tinieblas de la tumba fría//Olvidarla en la tierra no he podido. ¿Cómo esperar podré si ya no es mía?/Cómo vivir, Señor, si la he perdido?

La Huella de María Bashkirtseff

El poema "Ronda" fue escrito para una mujer ideal e idealizada, la misma que en su novela "De Sobremesa" menciona Silva como "Nuestra Señora del Perpetuo Deseo": la pintora rusa María Bashkirtseff.

A finales de 1884 viajó José Asunción Silva a París.  El 31 de octubre de ese año, los círculos intelectuales y artísticos habían sido sacudidos por la noticia de la muerte de María Bashkirtseff, una bella princesa rusa de 24 años, que pintaba, soñaba y escribía un Diario que preservó su nombre para la posteridad.
Los pintores y poetas del momento ardían en una adoración hacia María Bashkirtseff, que se intensificó con su muerte.   Probablemente Silva se enamoró, sin conocerla realmente, de "la rusa de ojos cálidos y de bruno cabello".  Soñó estar al lado del ataúd heráldico de la princesa rusa, en la noche trágica.  Evocó otras noches que nunca sucedieron, cuando esa mujer ideal e inasible había sido suya” bajo un follaje espeso,” o con "su cuerpo de veinte años entre la roja seda/sus cabellos dorados y su melancolía /sus frescuras de virgen y su olor de reseda".

Este es el inalienable derecho del poeta, cuando se convierte en el "pequeño dios" de que habló Huidobro, cuando derrumba las fronteras que separan la realidad del sueño, la vida de la muerte.  Un discreto velo de silencio cubre los nombres de las mujeres que pasaron realmente por la vida amorosa de Silva. ¿Quiénes visitaron furtivamente ese lugar de que habla Daniel Arias Argáez y que, como vino a descubrirse casualmente, por un amago de incendio, era la "garzonniere" de José Asunción?

Silva "no tenía nada de adamado" como lo reconoce Tomás Carrasquilla en carta a Francisco de Paula Rendón, escrita en diciembre de 1895. Pero la sociedad bogotana de su tiempo no podía asimilarlo. Resentía su orgullo despectivo, su pensamiento positivista, la gardenia en el ojal, el perfume de opoponax, el corte de su barba, calcado de la estatua del emperador romano Lucio Vero. Tampoco aceptaban sus pálidas manos expresivas, la cadencia refinada de sus versos, la libertad de su pensamiento y especialmente su realidad económica, que contradecía constantemente su modo elegante y derrochador de vivir.

Silva y Becquer

En la obra de Silva, el misterio de la calidad de los manuscritos perdidos en el naufragio del "Amerique" es tan insondable como el que rodea la parte de la obra de Bécquer perdida en 1868, en el incendio del despacho del ministro González Bravo, cuando el pueblo se rebeló contra "La Reina Castiza", Hay notables similitudes en forma y contenido entre Bécquer y Silva. El sarcasmo apenas insinuado en el sevillano:  "Eso no es corazón... es una máquina/ que al compás que se mueve hace ruido" se convierte en el poeta bogotano en el ácido corrosivo de las "Gotas Amargas", precursoras de la sátira encarnada en Luis Carlos López.

"Viviera y sería tan grande como Valencia, a quien Dios guarde muchos años" dijo Tomás Carrasquilla después de la muerte de Silva. Ahora, en el tercer milenio, la obra de Valencia no suscita ya el mismo interés.  En cambio la de Silva ha sido preservada por la Casa de Poesía Silva, que en 1996 al cumplirse cien años de su muerte, suscitó el interés mundial por el poeta.   Hasta su novela "De Sobremesa" mucho tiempo olvidada, fue revaluada entonces.

Las circunstancias trágicas de su muerte, tejieron la leyenda de Silva. Su verdad es la validez, la calidad intrínseca de su obra, que ha sido examinada por los más importantes críticos literarios actuales, en la fría luz que diferencia lo auténtico de lo falso, situándolo en la cumbre de la literatura escrita en Colombia en el Siglo XIX.


El Misterioso Amor de José  Asunción Silva

Un 27 de noviembre (corría el año de 1865) nació un hijo de Ricardo Silva Frade y Vicenta Gómez Diago, que estaba destinado a convertirse, con el paso del tiempo, en uno de los poetas más importantes de la lengua castellana.

Vale la pena analizar en qué consiste la permanencia de la poesía de Silva, cuando tantos de sus contemporáneos, los que publicaron versos en 1889 en "La Lira Nueva” que editó José María Rivas Groot, han desaparecido de la memoria de los lectores y de las antologías de poesía colombiana.
Han contribuido a esa permanencia Alberto Miramón, cuyo libro "José Asunción Silva” publicado en 1937 es la primera obra biográfica que se conoce del poeta.  También Roberto Liévano, autor de "En torno a Silva", impreso por Editorial El Gráfico de Bogotá en 1946 y Fernando Charry Lara, cuyo manual sobre Silva hizo circular Procultura en 1989, Héctor Orjuela, autor de "La búsqueda de lo imposible", Bogotá, 1991;  Enrique Santos Molano, quien dedicó largos años a la investigación que lo condujo a publicar "El Corazón del Poeta",en 1992; Ricardo Cano Gaviria, cuyo admirable libro "José Asunción Silva, una vida en clave de sombra" fue publicado por Monte Ávila en Caracas en 1992.  Juan Gustavo Cobo Borda, cuya utilísima compilación "Leyendo a Silva" para el Instituto Caro y Cuervo apareció en 1994. Fernando Vallejo, autor de “Chapolas Negras", publicado por Alfaguara -Santillana en Bogotá en 1995.

Francia fue la mayor influencia que Silva recibió en su vida.  Los dos años de Europa fueron definitivos, marcaron su comportamiento y su obra.  Se habla de las influencias de Baudelaire, de Mallarmé, de Proudhomme.  Existe, muy claramente, la de Gerard de Nerval, el poeta precursor del simbolismo. Estos eran los poetas que Silva trajo de Francia, a la Bogotá conventual de 1886, donde le esperaba la muerte de su padre, la quiebra económica, la desadaptación al medio, la lucha infructuosa por salir adelante económicamente, el viaje a Caracas, el naufragio del Amerique...

Las Mil Facetas de Silva

Las múltiples facetas de la personalidad de Silva han sido examinadas una por una. Los biógrafos han comparado interpretaciones y cada uno ha revelado su verdad, la suya propia, pues la de Silva se la llevó consigo el 24 de mayo de 1896. Lo único válido, aún más que las versiones de sus contemporáneos, es lo que nos dicen sus palabras, sus versos, su novela "De Sobremesa", sus cartas y hasta sus tristes libros de cuentas.

Quién era la mujer a quien Silva verdaderamente amó? Su fiel amigo Baldomero Sanín Cano guardó siempre un discreto silencio. Las versiones, tan difundidas, del amor incestuoso del poeta por su hermana, acongojaban hasta el llanto a la valerosa feminista que fue Georgina Fletcher, amiga muy cercana de Elvira. Daniel Arias Argáez mencionaba, sin dar nombres por supuesto, a mujeres casadas, una de las cuales tenía una hija extraordinariamente parecida al poeta.

La Confusión de los "Nocturnos"

Está claro que el "Nocturno” famosísimo, el llamado "Nocturno de las sombras" fue escrito para Elvira. Ella murió en enero de 1891 y es el mismo Sanín Cano quien nos explica la costumbre que tenían los dos hermanos de salir a caminar por la noche, en los alrededores de su quinta, durante el duelo por la muerte de su padre, que los confinó a Chapinero, que entonces era pleno campo. Este es el origen del poema que Rubén Darío llamó "arco toral de la poesía castellana", soberbia sinfonía de palabras que ha sido leída, recitada, memorizada y traducida a muchos idiomas en el mundo.

El Nocturno se publicó por primera vez en Cartagena, cuando el poeta viajaba a hacerse cargo de un puesto en la Legación de Colombia en Caracas, que el vicepresidente Miguel Antonio Caro le había concedido, para buscar una salida a la quiebra de los negocios del infortunado hijo de Don Ricardo Silva. Contaba, por supuesto, con el apoyo del Presidente Rafael Núñez, a quien visitó en su voluntario retiro de El Cabrero. Pero el hecho de que Silva no editara sus poemas en vida, causó el que se publicara también como "Nocturno” un poema que en su primera versión se llamó "Ronda" y que fue escrito en 24 de diciembre de 1889, mucho antes de morir Elvira:

El inventor de la especie, gracias a la confusión entre los respectivos poemas, fue el escritor venezolano Rufino Blanco Fombona. Pero ya que "Poeta di paso" no fue escrito para Elvira, quién podía existir en la gris Bogotá de 1889, a quien se pudieran aplicar estas palabras:  “El ataúd heráldico en el salón yacía”? Ismael Enrique Arciniegas da una opinion sobre la destinataria real -o irreal– del poema. Oigamos lo que dice Arciniegas, amigo y contemporáneo de Silva y uno de los pocos poetas que perduran de los que publicaron en "La Lira nueva":

"La escritora norteamericana Edna Worthley Underwood, traductora al inglés de muchos poetas colombianos, me escribió en 1933, pidiéndome datos sobre Silva, pues se proponía escribir una biografía del poeta bogotano. Preguntaba si todos los "Nocturnos" fueron inspirados por Elvira. Le contesté que no y que yo creía que la inspiradora del poema que empieza "Poeta di paso" había sido María Bashkirtseff".

Se basaba Ismael Enrique Arciniegas en la admiración que Silva experimentaba por la bella pintora rusa, por su "Diario" que fue uno de los libros que trajo consigo a su regreso de Francia por sus visitas frecuentes, cuando vivía en París, a la tumba que la guarda en el cementerio de Passy, por la presencia de María Bashkirtseff en la novela "De Sobremesa". "Casi pensé -dice Arciniegas- que Silva estaba profundamente enamorado del recuerdo de María Bashkirtseff, muerta en 1884". Emilio Cuervo Márquez, en una conferencia pronunciada en La Sorbona de París al promediar la década de los años 30, al hablar de la novela "De Sobremesa" dijo: "La novela nos revela, a la par que la rara cultura artística de Silva, su exaltación ardiente por una mujer joven, hermosa y muerta, calificada por sus admiradores de viviente divinidad y a quien él conoció a través de su Diario: María Bashkirtseff. La apasionada admiración del artista por la dulce muerta fluye a través de la novela citada".

Quien era ella? Nació en Rusia el 11 de noviembre de 1860 y murió en París el 31 de octubre de 1884, a  los 24 años. Silva no la conoció viva jamás. Cuando él llegó a París, en noviembre de 1884, María Bashkirtseff acababa de morir. Fue la mujer que, según Alberto Miramón, sorprendió a Zolá, embelesó a Coppée y cautivó el espíritu inquieto de Maurice Barrés, quien en el "Diario de una Cosmopolita" la llamó "Nuestra Señora del Perpetuo Deseo".

Dice así Silva en ' Sobremesa":

"El amor que a la Bashkirtseff profesamos algunos de hoy tiene como causa verdadera e íntima ese Diario, en que escribió su vida y que es el espejo fiel de nuestras conciencias y de nuestra sensibilidad exacerbada... Hay frases en el Diario de la rusa que traducen tan sinceramente mis emociones, mis ambiciones y mis sueños, mi vida entera, que no habría podido jamás encontrar yo mismo fórmulas más netas para anotar mis impresiones.”  Aquella a quien Mauricio Barrés propone que veneremos bajo la advocación adorable de Nuestra Señora del Perpetuo Deseo.  Jamás figura alguna de virgen soñada por un poeta: Ofelia, Julieta, Virginia, Graziela, Evangelina, María, me ha parecido más ideal que la maravillosa criatura que nos dejó su alma escrita en los dos volúmenes que están abiertos ahora sobre mi mesa de trabajo y sobre cuyas páginas cae, a través de las cortinas de gasa japonesa que velan los vidrios del balcón, la diáfana luz de esta fresca mañana de verano parisiense..."

Para Nicolás Bayona Posada, "Europa fue para Silva lo que la libertad para el ave cautiva" A su regreso,  siguió viviendo en la ficción de Francia, que para él era la verdad de su espíritu.

Verdad o Ficción

La ficción puede llegar a convertirse en la verdad de un poeta. Puede ser verdad o ficción que Silva tuviera en su mente la frágil figura de la rusa, cuando escribió su "Ronda" que luego, en las vicisitudes editoriales que sufren los libros cuando el autor no está presente, quedó indeleblemente unida al "Nocturno" de Elvira. Y alimentó a través del tiempo, la idea del incesto.

Seguramente el poeta había leído "VERA" esa maravillosa ficción de Villiers de L’Isle Adam, y por consiguiente no es extraño que haya tratado de materializar a María Bashkirtseff, así como el Conde de Atholl logró, con la fuerza del amor, materializer a Vera, su esposa muerta.  También Edgar Allan Poe, cuya obra tanto admiraba Silva y que posiblemente influyó en él, trasmutó a la muerta Ligeia al cuerpo de Lady Rowena Tremanion de Tremaine...

Silva fluctuaba entre el romanticismo y el simbolismo, principal elemento de la suma de escuelas que fue el Modernismo, según definición de Fernando Charry Lara. La influencia en él de los poetas franceses es notable. Hay términos en el poema "Poeta di paso" que orientan a creer en la versión de Ismael Enrique Arciniegas:

"En señorial alcoba, do la tapicería
amortiguaba el ruido con sus hilos espesos...”

Las descripciones que de su propio entorno hace la pintora rusa en su Diario se acercan mucho a esta "señorial alcoba". Ella dice: "Encuentro más encanto en las viejas telas o en los dorados ennegrecidos por el tiempo, en las columnas y en los ornamentos de otras épocas que en los ricos adornos de mal gusto y chillones".  Existen otras situaciones en el poema que afianzan la tesis de Arciniegas:

"Ah, de .la noche trágica me acuerdo todavía!
El ataúd heráldico en el salón yacía....

Ese ataúd heráldico, sería el de una princesa rusa y María Bashkirtseff lo era. En la gris Bogotá de 1889 era muy difícil que existiera una mujer a quien se pudieran aplicar estos términos.

“Ronda” tiene fecha del 24 de diciembre de 1889. Elvira murió mucho más tarde, en enero de 1891. Ahora que tantos buscamos desentrañar el sentido de cada una de las palabras que escribió Silva, que son lo único cierto que de él tenemos, unamos a la sombra "fina y lánguida" de Elvira esta otra, la de María "la rusa de ojos glaucos y de bruno cabello" que en el poema de Valencia "Leyendo a Silva” "pasa con sus pinceles de marta y de camello"

Estas fueron las palabras de Silva para María Bashkirtseff:

"Feliz tú, muerta ideal, que llevaste del universo una visión intelectual y artística.  Feliz tú que encerraste en los límites de un cuadro la obra de arte soñada y diste en un libro la esencia de tu alma, si se te compara con el fanático tuyo que, a los veintiséis años, al escribir estas líneas, siente dentro de sí bullir y hervir millares de contradictorios impulsos, encaminados a un solo fin, el mismo tuyo: poseerlo todo !Feliz tú, admirable Nuestra Señora del Perpetuo Deseo".
Terminamos así este análisis de una de las multiples facetas de José Asunción Silva:  La de su misteriosa actitud ante el amor.


Silva Visto por un Contemporáneo

Al hablar de José Asunción Silva, vuelve siempre a rodar sobre el tapete el tema de la incomprensión de sus contemporáneos. Y no sólo de sus contemporáneos. El busto en mármol de Silva realizado por el escultor español Ramón Barba, encontró por fin asilo en las dependencias del Instituto Caro y Cuervo en Yerbabuena, después de un largo y doloroso peregrinaje, durante el cual fue despiadadamente atacado por el lumpen ciudadano. Pero veamos cómo impresionó Silva a Tomás Carrasquilla, allá por las postrimerías de 1895.

Al ilustre y nunca suficientemente bien ponderado "clásico maicero" le sucedió al conocer a José Asunción Silva exactamente lo que a casi todo el mundo. Sólo vio su amaneramiento, sus vestuarios parisienses, sus modos alambicados, que a Carrasquilla, recién desempacado de la montaña antioqueña, debieron parecerle espantosamente ridículos. Después, muerto ya Silva, fue cuando llegó Carrasquilla a comprender y admirar al gran poeta.

No cabe duda de que Silva se había creado una personalidad externa completamente ficticia, posiblemente para defender su sensibilidad exquisita y extremada. De ahí que sus contemporáneos no lo pudieran comprender a cabalidad. Bastaría transcribir el concepto inicial de Carrasquilla contenido en carta escrita el 2 de diciembre desde Bogotá (corría el año de 1895) al novelista antioqueño Francisco de Paula Rendón:

“José Asunción Silva... ¡Virgen de la Trinidá, mi querida Madre! ¡Este sí que es el tipo de los tipos y la cosa particular!  Es un mozo muy bonito, con bomba de para arriba como el doctorcito Jaramillo y muy Crespo él y barbón.  Haz de cuenta el Buen Pastor de las señoritas González.  ¡Pero no te puedes suponer una bonitura más fea y más extravagante! Es muy culto y muy amable, pero con una cultura tan alambicada y una amabilidad tan fastidiosa que se puede envolver en el dedo, como cuenta Goyo del dulce de duraznos de Santa Rosa.  Modula la voz como dama presumida y sin embargo no tiene nada de adamado. Anda como un huracán pero con mucho compás. Da la mano pegándola del pecho, encocando cuatro dedos y parando el índice, de tal modo que uno tiene que tomársela por allá muy arriba. 

En fin: es un prójimo tan supuesto y afectado que causa risa e incomodidad al mismo tiempo. Y a vueltas de todas estas rarezas es muy ilustrado y parece muy inteligente, Ya me explico por qué hizo aquella caricatura tan famosa de la poesía rubendariaca: es que él es un rubendariaco en carne viva. Aquí lo llaman José Presunción Silva Pendolfi.”

La actitud del gran novelista es bastante clara. El concepto de los contemporáneos de Silva, que no veían, así se llamaran Tomás Carrasquilla, otra cosa que el exterior físico, era que el joven hijo de don Ricardo Silva y doña Vicenta Gómez era un presumido y nada más. Pero Carrasquilla, generoso al fin, reconoce que el joven es ilustrado y parece muy inteligente. Cinco meses después un periódico diría fríamente: “Anoche puso fin a sus días el joven José Asunción Silva. Parece que hacía versos”.

¿En el naufragio del "Amerique" se perdió lo mejor de su obra? La novela De Sobremesa no contribuye propiamente a la gloria de Silva.  Se salvan unas cuantas páginas, como aquellas hermosísimas a María Bashkirtseff.  Sería mejor o peor la novela "Juan Fernández" cuyo manuscrito desapareció en el "Amerique"? Se ha dicho que Silva, por su muerte prematura, lo escaso de su obra, la incógnita que pesa sobre los trabajos perdidos, fue un poeta incompleto.  Vana acusación ante una poesía que conserva y aumenta diariamente un prestigio con el cual su autor no pudo soñar ni siquiera en sus más locas fantasias ¡Incompletos y perdidos quedan muchos autores consagrados, cuando nos adentramos por la enmarañada maleza de sus obras innumerables! Para que la parábola vital de Silva coincidiera con la consagración y actualidad de su poesía, habría tenido que morir más que centenario.

Pero dejando la poesía a un lado, acerquémonos una vez más al ser humano.  A la hora de su muerte, Silva estaba en la plenitud de la existencia.  Y esa etapa, de los treinta a los treinta y cinco años, suele ser de crisis.  Ya no existe igual el impulso juvenil, las ilusiones no tienen la misma fuerza salvadora.  Es en estos años cuando el hombre llega al "mezzo del camin", esa selva oscura, fuera de todo camino recto, que señala el Dante.  Estos años suelen ser los definitivos, los que marcan el rumbo para siempre.  Antes, todos los caminos estaban abiertos a la esperanza, todas las cumbres dispuestas a dejarse escalar.  Pero en “el mezzo del camin” el ser humano se detiene y medita.  Hace un recuento de sus realizaciones y sus derrotas.  De ahí en adelante nada va a perdonársele con el pretexto de la juventud. Ya el mundo exige más de él y él, mucho del mundo.

Silva se perdió en la selva oscura.  Su alma quedó errante para la eternidad, en el mismo aire huracanado donde giran abrazados Paolo y Francesca.  Quedó errante y sólo, no comprendido aún completamente, por más que muchos nos esforcemos en entender, en descifrar el misterio de su última hora El mundo exigía de él mayores virtudes positivas, mejor suerte en los negocios, más tacto en la diplomacia.  El exigió inútilmente del mundo comprensión, belleza, la eterna armonía de las cosas que sólo presienten, por el camino de la fe las almas místicas de los elegidos de Dios. Del choque tremendo queda su alma suicida, inquietándonos para siempre.


¿Por qué se Suicidó José Asunción Silva?

Una noche como esta noche
De Circe llena, esa sería
La noche de José Asunción
Cuando a acabarse se tendía
(Gabriela Mistral - Nocturno de José Asunción)

Fría noche santafereña aquella noche de José Asunción. Noche del 23 de mayo de 1896.  Fría noche, cortante y hosca, presagio de un día siguiente envuelto en brumas.  “Anoche puso fin a sus días el joven José Asunción Silva. Parece que hacía versos” dijo un diario local.
Tanto se ha escrito, dicho e inventado sobre los motivos del suicidio de Silva, que es necesario ante todo eliminar enfermizas versiones. La enfermedad que mató a Silva, con el diagnóstico definitivo de un balazo, está condensada en esas líneas que dieron a un público indiferente la noticia fría y que pretendió ser intrascendente: "Parece que hacía versos...."

¿Por qué se mató Silva?

Porque estaba solo.  Con la definitiva soledad humana.  Porque ya no creía, porque ya no esperaba. Porque su mundo rodaba sin concierto por frios espacios.  Así lo intuyó Gabriela Mistral:
Gobernado por esa hora
en que al Cristo fuerte se olvida
y en que su mano traicionada
suelta al mundo que sostenía...

Hay dos enfermedades que nunca matan por sí solas: la soledad y la locura. Ambas necesitan la trágica confirmación del suicidio. Tan de la mano caminan que, a veces, la Iglesia perdona al suicida "porque estaba loco".

Pero Silva no estaba loco. Jamás prodigio igual de equilibrio y cordura de premeditación de la belleza, de aquilatamiento de valores, volverá a producirse bajo los grises cielos bogotanos, con peores auspicios ni bajo estrellas tan malignas. ¿Loco Silva? !Qué extraña, fina y bella, qué dramática e ingenua su cordura, reflejada en el viejo libro copiador de pasta negra, donde están minuciosamente organizadas sus cartas de negocios, aquellos negocios frustrados por demasiado rectos y demasiado cuerdos, por demasiado llenos de responsabilidad humana y de limpia honradez sin desvíos ni claudicaciones.

No estaba loco José Asunción. ¡Y qué perdón tiene Dios para el suicida? Es el alma perdida, sin otro epitafio que el verso de Heine.
En cualquier encrucijada
dan sepultura ignorada
al que se quita la vida.
Nace una flor azulada,
la flor del alma perdida.

Alma perdida que por andar errante y desterrada, por no pertenecer a ningún sitio del cielo o de la tierra, está más cerca de nosotros.  Por eso mismo ha sido, indefensa, tierra llana para acusaciones sombrías, interpretaciones malévolas, injusticias en vida y muerte, destierros repetidos.  No contento el destino con herirlo en la vida lo está hiriendo en la muerte. Y lo hiere en lo más sensible, en lo más puro, en lo más tierno.... Folletines soeces les han dicho a las gentes que el poeta estaba enamorado con mal amor; que su infinita adoración por Elvira, la tierna y casta Elvira, era la innombrable pasión del incesto.

Y de esta versión se han hecho eco gentes y voces en América. Era yo muy niña cuando vi llorar a la señorial y orgullosa anciana que fue Georgina Fletcher, amiga íntima de Elvira, al hablarle ella una vez a mi madre, en mi ingenua presencia de ocho años, de su dolor por ver así manchada, trocada en tema pecador,  la memoria de la dulce niña bella que se fue con la estrella de los Magos un dia de enero, entre el dolor de toda una ciudad.  Apenas expresión de aquella amargura inenarrable podría ser el dolor de José Asunción.  Dolor que sólo podía expresarse cubriéndola de flores, perfumando con esencias sus yertas manos, entrelazando lirios en sus finos cabellos, antes de entregarla a la tierra "como se entierra un vaso de alabastro para que no beban en él labios impuros" al decir de Rafael Maya. Así lo expresó José Asunción y así lo expresó también Jorge Isaacs en su canto a Elvira.  Animadversiones acerbas debió añadir José Asunción Silva a las que ya lo acechaban, emboscadas, para herirlo, cuando, cansado, hastiado por la baraúnda de improvisaciones con que muchos, sintiéndose poetas, escribieron elegías a Elvira, dijo "Tan sólo Isaacs es digno de cantarla!".

Tal vez pueda escandalizar a muchos el exceso de corrientes sentimentales que confluye en la carta que escribió Jorge Isaacs a Silva el 21 de enero de 1891.  Pero en ella está condensado justamente lo que, para quienes la rodearon, significó aquella niña bella, sensible, tierna, llena de luz y de bondades.  Dice Isaacs:

Bogotá, 21 de enero de 1891

Señor Don José A. Silva
Presente

Mi bondadoso amigo:

Su carta del 17, que muchas veces he leído, produce en mi ánimo indefinible impresión. Lo que en ella dice del dolor que lo tortura, los recuerdos que evoca y acaricia, su ternura por la muerta adorada y casi divina, me quebrantan el corazón. Lo que me habla usted de ese canto a Elvira -quizás el postrero del poeta que la conmovió en otros días - es superior a cuanto yo pueda ambicionar y merecer.
Quedaré recompensado con su noble y leal afecto de amigo y poseyendo todo lo que de ella me ofrece: su retrato para que sea el ángel guardián de mi hogar y admirada, querida allí como yo la admiro y venero; los pañuelos que usó en horas felices, fragantes aún con el perfume de sus manos.  Los he recibido en este momento.¡ Qué tesoro le cede usted al poeta y amigo! La gloria no es una alucinación, un delirio como lo creen algunos ciegos y ruines.....Aquí los tengo.... Los guardaré como las trenzas y juguetes de mi Clementina; fue la primera de mis hijos, el embeleso y alegría de mi casa, el consuelo mío...Todo para mí y nos dejó cuando apenas contaba once años, el 1° de enero de 1869.

Si el descanso viene -y bien merecido será después de una tan penosa y larga lucha - y mi vida se prolonga así unos años, recompensa única que mi familia ambiciona, ya verá cuanto haremos y Elvira vivirá mientras se oiga de nuestras estrofas un eco. El poeta rey, hijo de Isaí, lloraba en su desesperación lamentándose de que sus muertos amados no volverían a él.  Elvira vendrá a nosotros.  ¿En nosotros no vive?

Ella anhelaba mi reposo y mi alivio, la prosperidad de mis trabajos - que todavía no sabe apreciar este país – y a ella, a su poder de ángel bendito y protector, tengo encomendado el éxito final de mis esfuerzos. Y somos los incrédulos y los ateos...Yo le pagaré, regocijándola en amor y beneficios a los pobres y desamparados.  Lo que usted piensa que se haga en Nueva York con el canto a Elvira es demasiado. Pero a ella le pertenecen esas estrofas y, por lo mismo, a usted. De ella son. ¿Quién se atrevería a afirmar que Elvira no las leyó antes que usted? Si las envía para que se haga esa edición, le ruego que antes me deje revisarlas unos momentos.

Creo que estaré mejor de aquí al sábado; si así sucede iré a abrazarlo en la noche de ese día.

Su leal amigo

JORGE ISAACS

Si de la pluma de Isaacs brotaron aquellas palabras de infinita congoja, si llamó a Elvira "ángel guardián", "muerta adorada y casi divina" en qué se ha basado la malevolencia para encontrar en la poesía de Silva alusiones de amor carnal por Elvira?  Será en aquellas palabras:
Sentí frío, era el frío que tenían en tu alcoba/tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas?  Porque el otro poema conocido como Nocturno, aquel que empieza: Poeta, di paso /los furtivos besos  fue escrito el 24 de diciembre de 1889.  En la edición de los facsímiles de Silva hecha por Santiago Martínez Delgado está el poema, que en su primera versión se llamó "Ronda" escrito de puño y letra de Silva y en papel que lleva entrelazadas sus iniciales.

Hay una segunda versión manuscrita en la cual ya se llama Nocturno.  Este poema no pudo ser escrito para Elvira Silva.  Además, mucho antes de que la edición facsimilar apareciera, ya el testimonio había sido dado por Ismael Enrique Arciniegas, quien da además una versión sobre quién pudo ser la inspiradora del Nocturno" Poeta di paso". La versión es esta:

"Se ha dicho y repetido hasta la saciedad en periódicos extranjeros, que este Nocturno fue inspirado por Elvira.  Es más y eso es lo grave: que entre Silva y su bella hermana hubo amor vitando.  El error ha provenido de la creencia de que los tres Nocturnos de Silva fueron dedicados a la memoria de su hermana. En uno de ellos hay estos versos:

Temblabas y eras mía,
Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso....
........................................................................
En señorial alcoba do la tapicería
Amortiguaba el ruido con sus hilos espesos,
Desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos.
........................................................................
¡Ah de la noche trágica me acuerdo todavía!
El ataúd heráldico en el salón yacía...

A varios en el extranjero les hemos oído tan insinuación para su errónea creencia: Luego los nocturnos  – nos han dicho - no fueron dedicados a su hermana?

La poeta Edna Worthley Underwood, autora de ANTOLOGY OF AMERICAN POETS y quien primero tradujo al inglés el Nocturno hace años, nos escribió en 1933, pidiéndonos datos sobre Silva, pues se proponía escribir una biografía de él y nos preguntaba si todos los Nocturnos fueron inspirados por Elvira. Le contestamos que no y que creíamos que la inspiradora del Nocturno "Poeta di paso" había sido María Bashkirtseff."

Se basa Ismael Enrique Arciniegas para emitir esta opinión, en que Silva en alguna oportunidad le habló con tierna adoración de la maravillosa rusa y de su Diario. "Casi pensé - dice Arciniegas - que Silva estaba profundamente enamorado del recuerdo de María Bashkirtseff muerta en 1884".

Emilio Cuervo Márquez pronunció hace años una conferencia en La Sorbona de París y, al hablar de la novella de Silva "De Sobremesa" dice lo siguiente:

"La novela revela, al par que la rara cultura artística y literaria de Silva, su exaltación ardiente por una mujer joven, hermosa y muerta, calificada por sus admiradores de viviente divinidad y a quien él conoció a través de su Diario: María Bashkirtseff. Si a la fuerza debiéramos poner un nombre de mujer a la inspiradora del Nocturno, pienso que el de la joven rusa no debe ser olvidado. La apasionada admiración del artista por la dulce muerta fluye a través de la novela citada....

La verdad es que, cuánto envidió Silva, solitario sin luz y sin remedio, a Maria Bashkirtseff!  "Feliz tu, muerta ideal que llevaste del universo una visión intelectual y artística y a quien el amor por la belleza y el pudor femenino impidieron que el entusiasmo por la vida y las curiosidades insaciables se complicaran con sensuales fiebres de goce, con la mórbida curiosidad del mal y del pecado.....Feliz tú que encerraste en los límites de un cuadro la obra de arte soñada y diste en un libro la esencia de tu alma, si se te compara con el fanático tuyo que a los veintiseis años , al escribir estas líneas, siente dentro de sí bullir y hervir millares de contradictorios impulsos, encaminados a un solo fin, el mismo tuyo: poseerlo todo!  Felíz tu admirable "Nuestra Señora del Perpetuo Deseo".

Silva enamorado de una pintora rusa a quien no conoció jamás?  Silva enamorado de las páginas del Diario de Maria Bashkirtseff, hasta el punto de querer materializarla en un poema y llegar a escribir su poema "Poeta di paso"?  Por qué no?  En la vida de un poeta el tema es tan importante como, en la vida de un marino, la aguja que señala el norte.  El poeta inventa vidas y fabrica muertes.  No dice Huidobro que "el poeta es un pequeño dios"? Acaso no inventó Rubén Darío la muerte para su Margarita del poema inmortal?  Aquella Margarita vivió muchos años después de que Darío le dijera: "Y en una tarde triste de los más dulces días/la muerte, la celosa, por ver si me querías/como a una margarita de amor te deshojó".

Tal vez cuando Silva escribió su poema  "Poeta di paso" simplemente soñaba con forjar un poema "de arte nervioso y nuevo/obra audaz y suprema".  Y fue "la historia triste, desprestigiada y cierta/de una mujer hermosa, idolatrada y muerta" Puede ser verdad o ficción que Silva tuviera en su mente la frágil figura de la rusa cuando escribió su Nocturno.  Al fin y al cabo a ambas, a Elvira o a MaríaBashkirtseff, pueden aplicarse los calificativos de "Hermosa, idolatrada y muerta" sin que ellos sean, si a Elvira se refieren, más ardorosos que los de Isaacs.  La verdad es que es difícil que el poeta encuentre elementos de realidad que estén a la altura de su ambición estética. Tal vez a los poetas les sucede, a la inversa, la fábula del rey Midas. Todo lo que tocan se convierte en cobre o en arena.

Así cuanto Silva tocaba con finas manos se convertía en polvo.  Cuanta puerta trataba de abrir se cerraba en cobres y plomos amargos. Sobre su vida se iban amontonando soledades. Se debatía, como el prisionero que, poco a poco ve acercarse el péndulo y ahondarse el pozo de la narración terrorífica de Edgar Allan Poe.

No es cierto que Silva permaneciera impasible ante el desastre económico que heredó de su padre y que fue determinante , sin lugar a dudas, de su suicidio. Por el contrario, emprendía negocios, luchaba, iniciaba empresas. Todas sus empresas fracasaron.  Por qué?  Posiblemente la sensibilidad de Silva no era la más apropiada para el árido ganar dinero a cambio de jirones de conciencia, o sencillamente el medio no le fue propicio. Silva no sabía explotar ni engañar a nadie. Abrió un almacén en Bogota al cual llevó las sedas más finas, los mejores perfumes, cristales de Bohemia, alfombras de Oriente, sahumerios y porcelanas, que complacían su espíritu, incapaz de entender nada que no fuera bello. Cuentan que Silva se asombraba ante el vender constant de algún tenducho cercano a su elegante establecimiento, donde sólo podían adquirirse artículos de zafia y burda manufactura, en tanto que el almacén del poeta permanecía desierto. La verdad es que para un poeta es difícil, en grado sumo, hacer negocios. Corre el peligro de emprender negocios románticos o acabar escribiendo versos con debe, haber y saldo.

Además Silva se había impuesto la obligación, no sólo de atender a la subsistencia de su familia, sino de pagar las deudas dejadas por su padre.  Ricardo Silva era más dado a las tareas intelectuales que a la realidad de los áridos negocios. Su narración "Una tarde de domingo". Apareció en París Match, traducida al francés.   Ricardo Silva fue uno de los mejores escritores costumbristas de su época y uno de los peores negociantes.   A su muerte se encontró José Asunción frente a la responsabilidad de dirigir su hogar, atender a su madre y a sus hermanas y, además, afrontar las tremendas deudas que, a lo largo de su vida, con mucha generosidad y poco tino, había dejado Ricardo Silva.

Muy breve resultó el paréntesis diplomático de la vida de José Asunción Silva. La diplomacia parecería la carrera más indicada para él, si no fuera porque no era hombre capaz de antesalas ni ruego s y menos de intrigas.  Sin embargo y justamente para aliviar un poco la mala situación económica del poeta, el Presidente Rafael Núñez le concedió el cargo de Secretario de la Embajada de Colombia en Caracas. Pero en una malhadada hora y al morir Núñez, las intrigas y las envidias que suscitaba Silva tuvieron como resultado hacer que se le retirara de su posición diplomática, que había sido por una parte un respiro para el fiasco económico que sufría y, por otra, una consoladora etapa de bienestar espiritual, quizá la única después de la muerte de Elvira.  Pero, como cuenta Alberto Miramón, biógrafo cuidadoso y acertado del poeta, Silva tuvo un jefe inmediato que se sentía enfadado ante la superioridad intelectual de su inferior jerárquico.  Dice así Miramón:

“Desde el primer momento la presencia de Silva no fue grata a su superior jerárquico, el general Villa, hombre de tan escasas letras como de pocas luces. Silva, esta vez como siempre, no sólo no se cuidó de desvanecer esa impresión sino que, seguro del apoyo del presidente titular y confiado en sus amigos de Bogotá, hizo bastante por irritarlo. Por su parte el Embajador influía e intrigaba para que le quitaran de  en medio a ese subalterno que lo ensombrecía. Como todo mediocre, el general diplomático temía el brillo del verdadero talento y se sentía humillado, viéndose relegado a segundo plano, al paso que el secretario - su secretario - era agasajado y recibido con simpatía en todas partes".

Si los días de Silva en Caracas se hubieran prolonga do, si esa etapa verdaderamente salvadora, no fuera tan breve, habría sido definitiva para el destino del poeta bogotano.  En Caracas hizo Silva amistad con Pedro Emilio Coll, quien dejó una bella página en la que cuenta la primera entrevista que tuvieron los dos. Luego fueron cordiales amigos.  En las noches de aquel tiempo, cuando Caracas era todavía "la ciudad de los techos rojos" dialogaban largamente en la Plaza de Bolívar o en los alrededores de la Universidad Central.  La tibia atmósfera de Caracas, la brisa del cercano mar, el eterno sueño multicolor del Ávila, tuvieron indudablemente sobre el poeta y su atormentada mentalidad en perpetua tensión, un efecto pacificador y sedante. En Caracas hacía planes Silva, planes llenos de optimismo sobre su futuro, tanto intelectual como económico. Con su fino y tremendo sentido de la crítica, escribía a Baldomero Sanín Cano cartas que aún hoy, se consideran como uno de los mejores capítulos de la historia de la literatura venezolana de aquel tiempo.  

Es posible que, si José Asunción Silva no se marcha de Caracas tan pronto, distinto fuera su destino. Porque al abandonar Caracas lo persiguió, más implacable que nunca, la fatalidad.   En los primeros días de enero de 1895 el barco "Amerique" salió de La Guaira.  A poco de partir chocó contra un escollo y, solo después de tres días de mortales angustias, macilentos y aterrorizados, los náufragos lograron llegar hasta la playa.  

En el fondo del mar quedaba una gran parte de la obra de Silva "la mejor parte" según él. Era lo reunido y seleccionado durante los meses que vivió el poeta en Caracas, rodeado de amigos afectuosos, sus amigos venezolanos, al lado del Ávila clarísimo, lejos de brumas, preocupaciones y lloviznas. Su posición diplomática le abría todas la s puertas y le permitía vivir, a sus anchas, en el mundo de perfumes, luces, alfombras y candelabros que él tánto amaba .Al mismo tiempo,le proporcionaba medios económicos para apartar de su mente la diaria preocupación de lo que el mismo Silva llamaba gráficamente "la caza del real".  Hay motivos para creer que los manuscritos de Silva, desaparecidos en el mar, constituían su aporte más importante a las letras de América.

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